domingo, 28 de febrero de 2010

El vino sin alcohol empieza a abrirse camino en España

Media docena de bodegas tientan a quienes no toman bebidas alcohólicas

El producto aguanta el tipo frente al vino normal en color, pero flojea en aroma y sabor

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ÓSCAR TORAL
BARCELONA

Hoy suena a extravagancia, pero mañana figurará en las cartas de muchos restaurantes. El vino sin alcohol ha empezado a abrirse camino en España, impulsado sobre todo por un par de bodegas –Torres, del Penedès, y el Grupo Matarromera, de Castilla y León– que han puesto sus ojos en el creciente grupo de consumidores que no toman bebidas alcohólicas, por prescripción médica o por propia voluntad.


El vino desalcoholizado no tiene nada que ver con el mosto, simple zumo de uva. El método de elaboración más extendido, mediante columnas de conos rotantes, parte de vino normal para extraer primero las sustancias aromáticas, retirar después el alcohol, y al final reincorporar los aromas. El precio por botella oscila entre cinco y ocho euros.


En la cata, los vinos desalcoholizados aguantan el tipo frente a los comunes a la vista, flaquean en el olfato, e hincan la rodilla en el sabor. «Les falta alma porque carecen de la estructura que da el alcohol», explica Josep Roca, sumiller del restaurante


El Celler de Can Roca (tres estrellas Michelin). Los blancos tienen mejor acogida que los tintos, al atenuar la baja temperatura de servicio las diferencias con los vinos normales. En síntesis: son tan buenos, o tan malos, como la cerveza sin alcohol.


NUEVOS CONSUMIDORES / Su propósito no es arrebatar mercado a los caldos comunes, sino atraer a nuevos consumidores. El presidente del Consejo de Productores de Vino Desalcoholizado (Convides), Juan E. Suárez, precisa cuatro grupos: quienes no beben alcohol por salud, entre ellos las embarazadas; los que no lo hacen por tener que conducir; los que participan en comidas de negocios y prefieren no achisparse, y los que renuncian a la bebida por motivos religiosos, como musulmanes y budistas. En todos estos casos, el vino desalcoholizado no compite con el normal –tendría la batalla perdida–,sino con refrescos, zumos y aguas.


La experiencia de Roca es ilustrativa: «Lo toma gente que había bebido vino y que ahora no puede, pero desea mantener el ritual en la mesa».


Las Bodegas Torres fueron las primeras de España en apostar por el nuevo producto. En vista de su avance en el resto de Europa y EEUU, la firma lanzó en el 2007 el Natureo, un blanco de uva moscatel. La añada de estreno se destinó a áreas de servicio de autopistas. «Casi de inmediato nos llegaron muchas más solicitudes», recuerda Mireia Torres, directora técnica.


Las ventas han aumentado desde entonces de forma sostenida en supermercados y restaurantes –«en el último año han crecido por encima del 90%»–, aunque siguen siendo modestas. La producción de Natureo en el 2009 fue de 168.000 botellas, muy lejos de los 9,2 millones del Viña Sol, el blanco más popular de Torres. La firma está haciendo pruebas para comercializar también un tinto desalcoholizado.

El Grupo Matarromera se subió al carro en el 2008 con el Eminasin (tinto, rosado y blanco), y un año después nació Convides, entidad que hoy agrupa a media docena de bodegas con el propósito de favorecer un desarrollo del sector similar al de la cerveza sin alcohol.


CUESTIÓN DE NOMBRE / El primer reto es conquistar el nombre. En puridad, el vino sin alcohol ni es vino ni es sin alcohol. La ley exige un grado alcohólico mínimo del 9% para llamar vino a una bebida, y el nuevo producto ronda el 0,5% (la calificación de «sin alcohol» está permitida hasta el 1%). Ello obliga a las bodegas a etiquetarlo como «bebida a base de vino desalcoholizado».


El sector pretende que se autorice la denominación de «vino sin alcohol» –a imagen, otra vez, de la cerveza–, pero topa con reparos como el que expresa el director general del Institut Català de la Vinya i el Vi, Oriol Guevara: «Nos alegra que se impulse un nuevo producto, pero sin perder de vista que el vino desalcoholizado no es vino».


En cuanto a su futuro, la cerveza vuelve a servir de referencia. Introducida en 1976, la sin alcohol supone hoy el 13% de las cañas que toman los españoles. Expertos como Josep Roca y José Peñín, padre de la guía que lleva su apellido, coinciden en la improbabilidad de que el vino desalcoholizado alcance esa cota. En España hay más cultura vinícola que cervecera, y cuesta transgredir.


Con todo, el presidente de Convides aporta un dato revelador: «Solo con que el vino sin alcohol llegase a un 2% de cuota de mercado, lograría un volumen de negocio de 100 millones». Un gran pastel que presagia un porvenir prometedor.

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